AMIN MAALOUF. Escritor libanés afincado en Francia ha recibido hoy viernes 11 de Junio de 2010 el Premio Principe de Asturias de las Letras. Maalouf es uno de los novelistas que mayor atención ha prestado al encuentro de culturas y civilizaciones. Con su obra quiere hacernos ver que aun estamos a tiempo de ir por el camino de la comprensión mundial. “Frente a la desesperanza, la resignación o el victimismo, traza una línea propia hacia la tolerancia y la reconciliación, un puente que ahonda en las raíces comunes de los pueblos y las culturas“. El escritor beirutí aplica su espíritu crítico tanto al mundo occidental como al árabe: ”Si el primero se empeña en exportar la democracia a sangre y fuego, el segundo vive un déficit de legitimidad política”. Enhorabuena Maalouf, todos necesitamos interiorizar tu mensaje.
El Mediterráneo, “el medio de la tierra”, aparece siempre presentado como un lugar de encuentro entre culturas, como espacio simbólico de convivencia y tolerancia. Su mayor éxito hasta ahora lo logró con la publicación de la novela histórica “León el africano” y con el ensayo “Identidades asesinas” con el que expone la idea del respeto hacia las culturas minoritarias.
Nacido en 1949 en el seno de una familia greco-católica del Líbano -país en el que convivían pacíficamente más de una quincena de comunidades culturales- exiliado a París a causa de la guerra civil, siente que tratar de disipar los malentendidos entre las civilizaciones, y contribuir al conocimiento -en primer lugar- del otro, es un deber moral.
Hoy Amin Maalouf está comprometido con el deber de quienes están a caballo entre dos civilizaciones y trata de disipar algunos de estos malentendidos haciendo suyas las palabras de al-Zubaidi, el preceptor del califa al-Hakam II -dueño de la mayor biblioteca de Europa en toda la Edad Media-: «Todas las tierras, en su diversidad, son una, y los hombres todos son vecinos y hermanos».
En su último ensayo « El desajuste del mundo » Alianza Editorial 2009, Maalouf reflexiona sobre la crisis de los valores de la sociedad actual y lanza un mensaje de esperanza. Aborda el tema del brutal desajuste aparecido en el mundo tras los atentados del 2001, ya nada se queda como un problema local, la dimensión es global. Esto exige que la humanidad se una para afrontar estos peligros que, al igual que los cambios climáticos, amenazan a todos los pueblos.